La inflamación es una respuesta de defensa del organismo frente a cualquier forma de lesión, bien sea por una infección, una herida o estrés metabólico, y normalmente persiste hasta tanto se resuelve el proceso que la causa; si este proceso o lesión no se soluciona, la inflamación persiste y se hace crónica. Cuando la persona es obesa, en su organismo se produce un aumento de los adipocitos, o células de grasa, tanto en cantidad como en tamaño, estas segregan citoquinas, las cuales impiden que el proceso inflamatorio se resuelva, por lo que la inflamación se hace crónica; ésta a la larga produce daños en los tejidos afectados y puede derivar en enfermedades tan graves como la enfermedad cardíaca y la diabetes tipo 2.

Sin embargo, los hallazgos de un nuevo estudio llevado a cabo por un equipo científico de la Universidad de Ottawa, en Canadá, apunta a que es posible disminuir la inflamación crónica en las personas obesas mediante la práctica regular de ejercicio físico. La investigación, cuyos resultados fueron publicados en la revista Journal of Physiology, indica que llevar a cabo actividades como caminar o andar en bicicleta en forma cotidiana puede producir cambios en las características de la sangre y, como resultado, disminuir la inflamación.
La interesante información es compartida con fines de divulgación preventiva por la Fundación Torres-Picón.
“Esta investigación es importante porque nos ayuda a comprender cómo y por qué el ejercicio mejora la salud de las personas con obesidad”, indicó el doctor Michael De Lisio, investigador principal del grupo de estudio.
En dicha investigación participaron individuos jóvenes adultos obesos sin otros problemas de salud, a quienes se les tomaron muestras de sangre al inicio del estudio, luego se les asignó un programa de ejercicios que incluía tres sesiones semanales de una hora en bicicleta o de correr en una cinta caminadora, durante un periodo de seis semanas, tras lo cual se repitieron las pruebas de sangre. Los resultados mostraron una disminución en las células madre de las cuales derivan las células sanguíneas que producen la inflamación.
A la vista de tales resultados, los investigadores ahora planean realizar nuevos estudios que permitan determinar si los cambios observados en la sangre tras un programa de actividad física mejoran igualmente el funcionamiento del músculo y la grasa que intervienen en el almacenamiento y consumo de energía en individuos obesos; asimismo pretenden determinar si el ejercicio físico produce efectos similares en la sangre de personas que sufren otras enfermedades crónicas relacionadas con altos niveles de inflamación.
Para Pedro J. Torres, vocero y presidente de la Fundación Torres-Picón, quien trabaja activamente en prevención de la obesidad infantil, “esta información puede servir de ayuda en la elaboración de nuevas y efectivas estrategias”; eso dijo al recordar que detener la epidemia global de sobrepeso y obesidad alertada por la Organización Mundial de la Salud (OMS) supone considerar también enfoques y visiones innovadoras.
GF/EDC
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