Análogo a un éxodo por la ideología
racial de los nazis, se ha producido en Venezuela, según el Foro
Económico Mundual (WEF, por sus siglas en inglés), un éxodo a
causa de la inadmisible crisis docioeconómica, conocida
internacionalmente por la hiperinflación exabrupta que experimenta
su economía, lo cual ha obligado a cientos de miles de venezolanos a
emigrar hacia otros países, especialmente en el mismo continente
americano, buscando ser admitados en países de la región,
equivalente a un flujo migratorio significativo inimaginable jamás y
solo visto a través de largometrajes sobre la II Guerra Mundial.
Nada menos, hacia mediados de 2018 unos
135000 ciudadanos habían solicitado refugio a través de la política
de asilo internacional, y cerca de un medio millón mediante otro
tipo de acuerdo entre gobiernos, según ACNUR. No obstante, se estima
que el número haya incrementado debido a las migraciones irregulares
o por los caminos verdes.
La huida emprendida ha sido indetenible
porque no hay expectativas de superación de la crisis originada por
la implementación de un modelo y/o régimen impertinente a nuestra
cultura democrática.
Cifras conservadoras estiman que hacia
fines de 2017 ya habían huido cerca de unos 1642000 connacionales,
muchos víctimas de coacción social, política y hasta religiosa
(antisemitismo).
La migración también conlleva fuga de
talentos en recursos humanos necesarios para la generación de
productos y servicios, razón por la cual hay déficit de personal en
centros asistenciales así como en servicios para mantenimiento y
reparación de equipos indispensables para mantener nuestra calidad
de vida, hoy por hoy, desmejorada.
Por otra parte, la situación
alimentaria, nutricional y de salud en Venezuela se ha profundizado
durante el último trienio 2014-2016.
2015 estuvo marcado por el incremento de
la pobreza extrema en un 49,9 %; la escasez de alimentos entre
(50-80 % en rubros básicos), el incremento de la desnutrición por
una escalada inflacionaria,( 315,0 %) que un año más tarde,
alcanzaría la tasa inflacionaria más alta del mundo (superior al
600 %).
Según memoria y cuenta 2015 del MPPS,
la tasa de mortlidad materna había sido 5,5 veces mayor que el valor
registrado para 2012.
La situación jamás será susceptible
de resolverse com política de bonos sino mediante políticas libres
de ideologías decimonónicas.









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