El uso del casco integral se ha consolidado como la medida más efectiva para proteger la vida de los motorizados en Venezuela, ya que aporta entre 90 y 95% de seguridad en caso de accidente. En contraste, el casco clásico conocido como “Sandoval” resulta prácticamente inútil, pues apenas cubre una pequeña parte del cráneo y deja expuestos rostro y mandíbula, lo que incrementa el riesgo de lesiones fatales.
Las Normas Covenin 1707:2014 establecen que un casco debe tener forma de cúpula, cubrir completamente el cráneo, estar fabricado con materiales rígidos y resistentes, incluir relleno ergonómico y un sistema de retención firme bajo la mandíbula. Además, debe contar con protectores de nuca y quijada, visor y visera fijados con remaches, así como un burlete flexible que asegure el sellado contra polvo, insectos y otros elementos.
El Instituto Nacional de Transporte Terrestre (INTT) recuerda que el uso del casco es obligatorio tanto para conductores como acompañantes. Si la moto no posee parabrisas, el conductor debe portar anteojos o un casco integral con visera. Según el INTT, los niveles de protección varían:
- Integral: 90-95%
- Abatible: 80-90%
- Multipropósito: 70-80%
- Semiintegral: 50-60%
- Clásico/Sandoval: 0%
El casco integral ofrece cobertura total del cráneo, rostro y barbilla, además de protección contra viento, frío, lluvia y ruido. El abatible brinda seguridad similar al integral cuando la mentonera está cerrada, pero al abrirla aumenta la vulnerabilidad. Los multipropósitos, usados en actividades extremas, pueden generar turbulencias a altas velocidades. Los semiintegrales, aunque cómodos y con mayor campo de visión, no garantizan protección completa.
La historia del casco se remonta al siglo XIX, cuando las primeras motos aparecieron. Inicialmente se usaban cascos de cuero para proteger del frío, pero tras la muerte del británico Thomas Edward Lawrence en 1935 se impulsaron estudios para prevenir lesiones craneales. En 1941 surgió el primer modelo de seguridad y en 1953 se patentó el pionero con estructura rígida, iniciando su uso masivo y posterior obligatoriedad.
Hoy, autoridades y empresas promueven campañas para erradicar el uso del Sandoval y concienciar sobre la importancia de adquirir cascos certificados y de la talla adecuada. El mensaje es claro: usar un casco integral puede marcar la diferencia entre la vida y la muerte en la vía.









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